Por Alejo Lasa

En un reciente discurso transmitido por cadena nacional, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner reivindicó al actual intendente de Cutral Có, Ramón Rioseco, porque “era un hombre con la cara cubierta en los ’90 en Cutral-Có, cortaba las rutas y nacía piquetero. Hoy es el intendente que comprendió que había un nuevo país, que se lograban cosas nunca logradas”, y que “se dio cuenta que seguir cubriéndose la cara y prender fuego era sólo de patrullas perdidas pero no de argentinos que comprenden que necesitan ponerle el hombro al país”. A continuación volvió a atacar, como ya nos tiene acostumbrados, la acción directa de los sectores que salen a luchar, porque “la verdad que lo que menos necesita el país son patrullas perdidas funcionales a los intereses que atentaron desde las sombras contra la sociedad”.

Si bien Rioseco no era en los 90′ estrictamente un dirigente “piquetero” sino un concejal del Frente Grande, lo cierto es que participó de los piquetes del histórico Cutralcazo y era una de las figuras reconocidas públicamente. La “magnificación” de su pasado en las rutas tiene la intención de resaltar más aún el contraste entre su pasado “piquetero” y su actual condición de funcionario dentro de los marcos “institucionales” del régimen, y dentro de las filas del propio kirchnerismo (previo paso por la Alianza de De la Rúa, con quienes llegó por primera vez a la intendencia en el 97), para transformarlo en un símbolo y ejemplo para todos los dirigentes sociales que no quieran caer en las listas del Proyecto X o de los más de 5000 procesados por luchar en todos el país.

Por supuesto que también para sumarle “mística” a la “expropiación” del 51% de las acciones de YPF a Repsol (medida del gobierno que ya hemos criticado acá y acá), mencionando como parte del “proyecto nacional y popular” a alguien que vivió en la desolación de un pueblo por la privatización de YPF en los 90′ (de la que recordemos el kirchnerismo fue parte) y ahora busca parte de la tajada de la asociación del Estado a nuevas empresas petroleras imperialistas, como señalamos desde el Frente de Izquierda acá.

El revolucionario italiano Antonio Gramsci decía que el transformismo es “la absorción gradual, pero continua y obtenida con métodos de varia eficacia, de los elementos activos salidos de los grupos aliados y hasta de los grupos adversarios y que parecían enemigos irreconciliables. En este sentido la dirección política se ha convertido en un aspecto de la función de dominio, porque la absorción de las élites de los grupos enemigos lleva a la decapitación de éstos y a su aniquilación por un período a menudo muy largo.”

Con el límite señalado arriba sobre el pasado “piquetero” de Rioseco, podemos tomar, al igual que lo hizo CFK, a éste como un ejemplo de toda una camada de dirigentes sociales que se tragaron el verso del progresismo del gobierno y se sumaron a las filas del kirchnerismo, para pasar a ser “gestores” del Estado capitalista. En Neuquén ya habíamos visto una versión local de transformismo político, el UNE, aunque aquel paso “de las calles al palacio”, como lo criticamos por el año 2008 acá, haya sido más “estructural” por tratarse de toda una camada de dirigentes sindicales de la CTA neuquina, encabezados por Julio Fuentes,  que eran parte de la oposición social en las calles al MPN, aún con una estrategia reformista y sindicalista. No es casualidad que el hermano del intendente de Cutral Có y los seguidores de Julio Fuentes hoy conformen en común en la Legislatura el bloque “UNE-El Frente y la Participación Neuquina”.

La falta de una estrategia política de independencia de clase, como demuestra la historia, lleva a todo tipo de fenómenos “intermedios” que en los momentos agudos (y a veces no tanto) de la lucha de clases terminan detrás de alguna variante política patronal. Ya habíamos escrito también algo sobre esta debilidad acá. La conquista de la banca obrera, producto de la confluencia de un sector de obreros clasistas como la Marrón ceramista con partidos de la izquierda clasista como el PTS, el PO e IS, en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, es una tribuna que levanta una alternativa de independencia de clase, que muestra que el “transformismo” político no es el único destino posible sino que se pueden, y deben, mantener bien altas las banderas de nuestra clase. 

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