Por Alejo Lasa

El marxista italiano Antonio Gramsci distinguía tres “momentos” de la conciencia de la clase obrera para analizar su desarrollo. El primero, elemental, lo remitía a la lucha de los obreros aislados. Identificaba como un segundo momento aquel donde se logra la conciencia de solidaridad entre los miembros del grupo social, pero solamente en el campo económico. Señalaba como un tercer momento aquel donde se superan los límites corporativos y la clase obrera es capaz de construir un partido propio que tome las reivindicaciones de otros sectores sociales oprimidos y explotados y así trasformarse en la clase hegemónica capaz de acaudillar un proceso de transformación revolucionaria de la sociedad capitalista.

Siguiendo a Gramsci, podríamos decir que el peronismo en la Argentina (y en Neuquén el MPN) “moldeó” en los trabajadores una conciencia corporativa, donde a la clase obrera le cabe organizar sindicatos, dar luchas económicas o por conquistas particulares, pero “la política” queda en manos de los políticos patronales. Esto terminó impidiendo el desarrollo de la consciencia de la clase obrera y que ésta conquistase la necesaria independencia política de sus explotadores, expresándose en el terreno de la ideas, de la cultura y, en el terreno estrictamente político, en la ausencia de un partido propio.

En Neuquén esta debilidad se expresó en las últimas décadas en la existencia de una amplia oposición sindical, social y cultural al MPN, pero sin un correlato político de independencia de los trabajadores. En los 80’s se expresó en el movimiento de DDHH (con gran peso de la Iglesia) y la UOCRA. En los 90´s en torno a los gremios de la CTA y los estallidos y movimientos de desocupados. Y, post-2001 en la ocupación de Zanon y el surgimiento de un amplio activismo docente y estudiantil. A pesar de su combatividad en las calles, este extendido activismo no se propuso dar la batalla en el terreno ideológico ni político. Por eso, al no construir la organización política necesaria para esta tarea, toda la fuerza de los paros, movilizaciones y cortes de ruta, el odio y la bronca por el asesinato de compañeros como Teresa Rodríguez y Carlos Fuentealba, se termina diluyendo en el apoyo a los partidos y figuras de la oposición al MPN. Algunas veces al PJ, otras a la UCR o la Alianza, y, en dos ocasiones, a las “alas izquierda” de esta oposición: al obispo De Nevares en la Constituyente del 94 y al UNE en las últimas tres elecciones.

A fines de los 80 y principios de los 90, el viejo MAS -y en menor medida el PO- logró influencia en sectores de los trabajadores de la provincia, como en el gremio de la construcción y en docentes. Por diversos motivos, estas experiencias no maduraron en una tradición política que se tradujera en la construcción de un gran partido revolucionario. Lo que pervive de estos procesos son decenas de ex militantes y grupos más o menos organizados que pasaron a engrosar las filas del activismo de la región abandonando la batalla por construir un sólido partido marxista revolucionario.

Con el periódico La Verdad Obrera Neuquén y Alto Valle, desde el PTS, nos proponemos aportar a la creación de una nueva tradición entre los trabajadores y estudiantes combativos para que el enorme esfuerzo desplegado no sea expropiado y capitalizado por corrientes ajenas a nuestros intereses.

Editamos este periódico en Neuquén porque consideramos esencial la lucha de ideas, desde el punto de vista de la cultura, la política y la teoría marxista. Junto con la intervención en la lucha de clases, esta actividad la concebimos como parte de la construcción de un partido revolucionario que logre superar los límites de las luchas reivindicativas y se transforme en la herramienta capaz de remover los cimientos de la sociedad capitalista.

La clase obrera tiene la potencialidad de transformarse en la clase hegemónica del conjunto de los sectores oprimidos. Su rol en el sistema de producción capitalista es lo que le permite, en potencia, no solo paralizarla, sino ponerla en funcionamiento sobre nuevas bases. El ejemplo de Zanon es tan sólo una pequeña muestra de lo que es capaz de hacer la clase obrera cuando se opone frontalmente al capital y conquista aliados entre las otras clases y sectores oprimidos, como la clase media empobrecida, los estudiantes o el pueblo mapuche. Por eso nuestra apuesta estratégica a construir una izquierda estructurada y con peso en las principales concentraciones obreras de la región.

Este desarrollo orgánico debe combinarse con la fusión con la intelectualidad marxista para batallar contra las distintas ideologías que niegan el horizonte de la revolución y el socialismo.

La construcción de esta herramienta no vendrá del crecimiento evolutivo de alguno de los partidos obreros y socialistas actualmente existentes. Será producto de fusiones y del surgimiento en el seno mismo de la clase obrera de corrientes que, frente a futuros acontecimientos históricos, giren a izquierda y abracen las ideas y la estrategia de los marxistas. Nuestro llamado a la izquierda obrera y socialista a debatir sobre la construcción de un partido común parte de este profundo convencimiento

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