En el nuevo gobierno municipal de la capital provincial hay un novedad: el UNE, el partido formado por dirigentes de la CTA y algunos referentes sociales, barriales y empresariales, está ocupando importantes cargos. Hasta allí llegaron por el caudal de votos que aportaron a su coalición con los radicales K y peronistas. Los hasta ayer críticos del gobierno del radical Quiroga hoy se transformaron en aliados de uno de sus principales correligionarios: Martín Farizano, quien fuera presidente del Consejo Deliberante en la gestión de Quiroga y varias veces a cargo del Ejecutivo Municipal en su ausencia.

Durante gran parte de los años 90, la CTA neuquina se ubicó como “oposición social” al gobierno del MPN convocando huelgas y movilizaciones pero dejando siempre “la política” en manos de la oposición parlamentaria (lo que fue moldeando la conciencia de importantes franjas de trabajadores, centralmente estatales, con un “sentido común” corporativo y apolítico). Los cambios en la situación política nacional y provincial –como el 19 y 20 de diciembre de 2001 y la posterior represión del régimen del MPN que en enero de 2002 llevó presos a los principales dirigentes de la CTA- hicieron que la central sindical fuera gradualmente retirándose de “las calles”.

En el VI Congreso Nacional de la CTA (2002) se votó la conformación del Movimiento Político, Social y Cultural. Su expresión en Neuquén fue el UNE, que hizo su primera aparición en las elecciones para la Convención Constituyente del 2005 y se terminó de consolidar en las elecciones del 2007 en una gran coalición con radicales K, peronistas y otros partidos, que los llevó al “palacio” municipal de la capital neuquina y a distintos cargos en concejos deliberantes de varias localidades de la provincia. Como lo explica Raúl Dobrusín, ex dirigente de ATE y actual Subsecretario de Gobierno Municipal: “A través de los reclamos gremiales veíamos que había cosas que lográbamos pero que no se traslucían en lo político. A partir de eso decidimos que debíamos dar el paso e introducirnos en esto de lo político-institucional, a una política partidaria. A partir de ahí, creamos UNE, con otras organizaciones sociales, profesionales y empresarios”.

En la vereda de enfrente

Es una necesidad que las organizaciones obreras hagan política. Pero al hacerla sin un programa independiente y de la mano y en alianza con partidos patronales las consecuencias son inmediatas.

Más aún cuando se ocupan cargos ejecutivos en el Estado. Hay varios ejemplos de ello en estos meses en que los flamantes funcionarios del UNE tuvieron que dar respuestas a demandas populares y terminaron defendiendo los intereses que antes decían combatir. Tomemos dos casos: la crisis de la vivienda y el trabajo precario en el estado.

• Según estadísticas del Colegio de Arquitectos faltan unas 40.000 viviendas en toda la provincia. El 60 % del déficit habitacional, alrededor de 24.000 casas, está centrado en la capital. Esta crisis de la vivienda y la ausencia de una política estatal es la que lleva a multiplicar las tomas de terrenos por parte de familias trabajadoras con bajos salarios o sin trabajo. Mariano Mansilla, abogado histórico de la CTA y actual Secretario de Gobierno de la Municipalidad, hasta hace pocos meses decía apoyar a los vecinos que ocupaban tierras y basó su campaña electoral en la propuesta de la “casa UNE” que se construiría por $24.000. Pero hoy, como gestor del miserable presupuesto municipal y defensor de la política de austeridad de Farizano, repite por todos los medios que “no hay que exagerar la necesidad de viviendas”. Lejos de defender el legítimo derecho de toda persona a una vivienda digna, toma prestados argumentos reaccionarios de sus “compañeros de gabinete” y afirma que “más de la mitad de los inscriptos (en los planes) no cumple con los requisitos mínimos porque o ya tienen un terreno o ni siquiera tienen tres años de residencia en la ciudad”.

En su afán de cumplir con el intendente radical, Mansilla “olvidó” los más elementales derechos democráticos. Mientras el gobierno municipal denunciaba penalmente a los ocupantes para “que se desaloje y libere el predio y que no se permita el ingreso de materiales ni más personas”, Mansilla declaraba que “nos pidieron comida y baños pero desde el municipio no accedimos porque no podemos convalidar ninguna toma”.

• El trabajo en negro y la precarización laboral es una práctica usual del estado municipal. Los dirigentes de la CTA conocen del tema porque durante años denunciaron la situación e incluso organizaron trabajadores municipales en gremios paralelos. Hoy están del otro lado del escritorio, sentados, negándose a pasar a planta a más de 160 obreros que se vieron obligados a iniciar un plan de lucha y, al cierre de esta edición, llevaban más de una semana de ocupación del municipio por la falta de respuesta. En el centro de sus críticas está Raúl Dobrusín, ex dirigente de ATE y actual Subsecretario de Gobierno, que ahora responde que “la solución no es sencilla y requiere tiempo” porque “se está muy cerca del límite de personal”. Hasta hace unos días estos mismos trabajadores cuidaban las plazas o arreglaban las veredas, algunos con más de cuatro años de antigüedad.

Pareciera que el único “límite” que preocupa es el de la austeridad fiscal, incluso si eso va en contra de las condiciones laborales de los trabajadores.

Por una política independiente de los trabajadores

Estos primeros ejemplos muestran cómo la política del UNE, de alianzas y co – gobierno con partidos patronales como la UCR y el PJ, lleva a los trabajadores detrás de proyectos políticos donde lo que priman no son los intereses de los trabajadores y el pueblo. Los dirigentes del UNE y sus defensores intentan justificar su accionar bajo el argumento de que estas alianzas son necesarias para “construir poder”. Pero ¿qué poder construyen? El de Farizano, los radicales y el kirchnerismo local.

No criticamos a los dirigentes de la CTA por su intento de hacer política. Creemos indispensable que los trabajadores hagamos política, pero política independiente de los partidos cuyo proyecto de país es defender los intereses de las grandes  empresas y el capital. Por eso es necesario que pongamos en pie un partido político propio, un gran partido de trabajadores. Sería un gran paso adelante en este camino que los sindicatos recuperados, como el Ceramista, las comisiones internas y delegados combativos y los partidos que nos reivindicamos de la izquierda clasista avanzáramos en este camino.

Abril 2008

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